Villa La Atalaya - No vale nada

Escribo este artículo sumido en la rabia, la impotencia y el odio que ahora mismo tengo al pensar en Málaga. En un par de días, Villa La Atalaya ha desaparecido del todo, sin haber sido considerada nunca como un bien a proteger por parte de los que dirigen nuestra ciudad, y ni tan siquiera en la hora de su muerte se dejó de ultrajar otra vez diciendo que no tenía valor para ser conservada.

 

¿Qué no valía nada? ¿Qué no tenía elementos de interés suficientes para protegerla?

 

¡Por supuesto que los tenía! y tenía además una cosa muy importante cuando de conservar construcciones históricas se trata: su adaptación al siglo XXI. Lo que normalmente se suele hacer es vaciar estas construcciones y hacer algo nuevo dentro que cumpla con las interminables y farragosas normativas actuales. Pues Villa La Atalaya, además de ser un bien patrimonial de interés permitía una fácil adaptación sin perder los elementos que le daban su valor.

 

En este artículo voy a hacer una cronología de la villa, después voy a dar un paseo por su exterior e interior y en último lugar, pasaré a comentar algunas de las informaciones que los medios de comunicación locales han publicado.

 

No pretendo convencerte de nada, solamente explicar hechos contrastables, una realidad muy real de Málaga y es que sintiéndolo mucho he de decir que está muerta ya. Patrimonialmente Málaga está mal, muy mal y pobre de aquellos que no queráis ver la realidad y os acojáis al Málaga es la mejor o Como Málaga no hay nada. Que no te ciegue el amor propio. La realidad es la que es.

 

Claro que hay ciudades mucho más inteligentes que Málaga en cuestiones de limpieza, calidad de vida, en servicios al ciudadano, y en cuestiones patrimoniales. Hay ciudades que se levantan con orgullo enseñando lo que son y no tienen miedo en ponerse frente a otras y decir: ¡Esta soy yo! Eso es un orgullo de ciudad.

 

Entre La Caleta y El Limonar

 

Villa La Atalaya era un ejemplo de palacete de los que proliferaron en la zona de La Caleta y El Limonar en las primeras décadas del siglo XX. Eran viviendas de aires regionalistas, robustas, fuertes, con grandes torreones, donde el uso del ladrillo visto, la teja vidriada, la forja intrincada, los jardines exuberantes y sobre todo el uso de azulejería las convertía en edificaciones con una explosión de reflejos, colores y estímulos para todos los sentidos. Eran las versiones más actuales de los hotelitos que la burguesía malagueña empezó a construir a mediados del siglo XIX en los alrededores de Paseo de Sancha.

 

La Atalaya no era menos que las demás y cumplía con todos estos requisitos. Enclavada en un solar irregular a las faldas del Monte Sancha, con vistas del mar y con acceso a dos calles, una principal, como era el Camino Nuevo (Paseo de Salvador Rueda) y una secundaria, la calle Monte de Sancha, tranquila y sombreada.

¡No! Esta casa no se construye en 1920. ¿De dónde sacan esto? Pues seguramente del Catastro. Error de principiante de nuestros “periodistas” locales. Las fechas del catastro no es que tengan fallos, es que rara es la vez que aciertan. 

Si empezamos dando mal la fecha podríamos acabar quitándole valor a la casa, ¿eh?…Oh, wait!

 

Esa casa no se construyó en 1920, porque en esa fecha ahí no había nada más que un monte peláo.

Vayamos al año de su construcción. La casa se construye en la década de 1930 y aquí paso a desmentir la primera invención que los medios de comunicación nos han contado desde que, en 2021, saltó este tema al descubrirse que el nuevo propietario quería demoler la casa para hacer una promoción de viviendas.

Como se puede ver en esta vista aérea, en el solar de Villa La Atalaya aún no hay edificación alguna, aunque sí puede verse el curioso detalle del replanteo inicial de los terrenos de las futuras edificaciones. Y claro, muchos dirán, ¿Pero cómo puedes afirmar que esa foto no es de 1920? Pues porque indagando es cómo se llegan a catalogar imágenes.

 

En la esquina superior izquierda, vemos el Hotel Príncipe de Asturias (Palacio Miramar) rodeado por sus jardines, que se empezó a construir en 1921 y cuya inauguración se produjo en 1926. Y vemos a su lado el Palacio de la Tinta, las oficinas de los Ferrocarriles Andaluces, que tuvo una ampliación de las instalaciones entre 1927 y 1928, ampliación que ya vemos acabada en la fotografía aérea. También podemos ver como todas las villas de La Caleta y El Limonar permanecen en buen estado, ya que para aquellos que no lo sepan, muchas de ellas fueron saqueadas e incendiadas en 1936.  

 

Por lo tanto, y solamente tomando como referencia esta vista aérea ya tenemos dos fechas en las que enmarcar la construcción de La Atalaya; entre 1928 y 1936. Pero es que además accediendo a información de archivo, tenemos datos de la mudanza de la primera familia que habitó la casa, y esta se establece en 1935.

 

Con estos datos ya tenemos lo suficiente para fijar el año de construcción cerca de 1934.

 

¿Y qué valor tenía la casa?

 

Pues primero, que se trataba de una de las construcciones históricas de la zona, eso ya era razón suficiente para que en su momento hubiera sido protegida cuando se realizó el catálogo del PGOU. Ser una de las estructuras primigenias definitorias del entorno ya era motivo de peso, antes de ella no había nada.

 

Y en segundo lugar, su estructura estaba ligada a las construcciones realizadas en las primeras décadas del siglo XX: Palacete independiente de estilo regionalista rodeado de un jardín.

 

¿Qué es el estilo regionalista?

 

Este estilo arquitectónico surgido a finales del siglo XIX se puso muy de moda a partir de la década de los 20 y 30 del siglo XX. Se intentaba volver a las raíces de la arquitectura local en contraposición a la arquitectura moderna. Estos edificios suelen ser fácilmente reconocibles por el uso del ladrillo visto en arcos, cornisas, balaustradas o remates de tejados, el azulejo y el barro vidriado para decorar zócalos, pasamanos o en paños en fachada. Las rejas de forja profusamente decoradas o con intrincados diseños son otras de las características de este estilo.

 

ENTRAMOS A VILLA LA ATALAYA ¿ME ACOMPAÑAS?

 

La vivienda se encuentra en un solar elevado a las faldas del Monte Sancha y el acceso desde la calle se hace a través una entrada abierta en un muro de contención de mampostería mixta. Unas hileras horizontales de ladrillo son alternadas con piedra vista y rematadas con una balaustrada de celosía construida con ladrillos y pasamanos cerámico de color verde. Al fondo, se alza la vivienda sobre una plataforma plana de planta curva cercada con unas balaustradas de cerámica, rodeada de un jardín y dispuesta en ángulo. Vista desde la calle puede resultar extraño pero que no es más que una solución para, uno: estar situada de frente al mar, dos: ganar privacidad alejándose de la calle, y tres: permitiendo recibir más luz solar en sus fachadas y jardín.

A través de una cancela de hierro entre dos pilares de ladrillo y rematada con un tejadillo vidriado y cumbreras bicolores se accede a una empinada escalera, también de ladrillo, en varios tramos con azulejería amarilla en las contrahuellas y cubierta con una estructura de hierro a modo pérgola para sombrear la entrada. Subiendo, a nuestra derecha, accedemos por una rampa a una zona de terraza con bella balaustrada de cerámica vidriada verde y blanca. Esta era algo casi único, no conozco muchos casos así en Málaga y menos de ese tamaño, pero bueno, esto ya es historia.

 

La casa se sitúa sobre un basamento de piedra vista y el acceso se hace a través de una escalera semicircular con 5 escalones. Un arco rebajado apoyado sobre columnas y cerrado con una cristalera de hierro da entrada a un porche.

 

Las siguientes fotografías fueron tomadas por una inmobiliaria en 2020 cuando la propiedad salió a la venta y la verdad es que muestran la belleza de su exterior y su interior de forma excepcional.

 

¡Lista para entrar a vivir!

(Artículo original escrito el 1 de Septiembre de 2023)

Vista del Camino Nuevo y Paseo de Sancha. En la parte baja, solar donde se construiría Villa La Atalaya – Colección personal

Una vez dentro, nos encontramos en un gran vestíbulo de dos plantas y frente a nosotros, una escalera en tres tramos, toda ella de madera con una interesante baranda con decoración a base de aspas que bien pudiéramos llamar de estilo romano

 

En el centro de las aspas hay florones y en los postes de las esquinas se sitúan bolas de cristal sobre bases de bronce.

El suelo es de mármol blanco con pequeñas piezas de mármol rojo y rodapiés con cenefa de azulejos con reflejo metálico. Una gran vidriera da luz a este espacio. Está dedicada a Santa Cecilia, mujer del primer propietario que tuvo la casa. El techo está cubierto con vigas de madera que descansan sobre ménsulas de escayola pintadas de marrón. Este es el espacio más espectacular de la casa.

El salón, con su chimenea monumental flanqueada por dos pilastras estriadas con capiteles jónicos, bonitos ventanales en arco y un gran ventanal que se abre directamente al mar. El salón da paso al comedor a través de una puerta de dos hojas con acceso a la terraza. El resto de estancias tienen solerías de hidráulico de distintos diseños y carpinterías robustas en puertas y armarios.

Nos cuenta la Gerencia de Urbanismo que los técnicos municipales intentaron entrar en la vivienda en repetidas ocasiones pero no pudieron y por lo tanto no pudieron estudiarla. Esta explicación por parte de un organismo público es de vergüenza, primero porque se supone que estos son los que controlan lo que ocurre en nuestra ciudad y que no tengan ni la posibilidad de contactar con el dueño de una propiedad es cuanto menos sorprendente. Lo que aquí ha pasado es que no se ha querido porque cuando quieren encontrar a alguien de verdad ¡lo encuentran!

 

Por cierto, esta excusa no es la primera vez que la usan, ya que es una técnica a la que suelen recurrir cuando quieren echar balones fuera.

 

Acto seguido, pasan a decir que “la propiedad ya adjuntó un informe de un arquitecto en el que se explicaba que la casa no tenía valor alguno para ser protegida”. Esto es quizás lo más sangrante.

 

O sea, tú como Ayuntamiento no te preocupas por proteger un edificio histórico. Una vez salta el asunto y la ciudadanía te insta a empezar los trámites para protegerla, haces un “intento contactar con el dueño a ver si esa casa tiene valor”. No puedes contactar con él y lo siguiente a lo que te agarras es a un informe pagado por el propietario, que quiere demoler, que contrata a un arquitecto para que justifique que la casa no vale nada. Y ya está, yo he quedado bien diciendo que “he llamado al porterillo pero nadie me abrió la puerta, lo he intentado, ¡de verdad! pero es que sino doy permiso de demolición estaría cometiendo una ilegalidad“. Fin.


 

Algunos recortes de los medios locales mencionando la fecha errónea

Una baldosa hidráulica similar a las utilizadas en una de las habitaciones y olambrilla azul cobalto, igual a las que se encontraban en otra estancia

La casa sufrió una ampliación poco después de su construcción, añadiéndose un ala nueva con terraza en la parte superior. Esta obra quiso seguir el estilo de la edificación inicial con el uso de ladrillos en las esquinas y la instalación de rejas similares. Aunque se produjo la pérdida de una de las dos rejas de forja existentes en la planta baja que además estaban enmarcadas con un recercado triangular muy curioso.

 

Siendo construida ya a mediados de los años 30 y en estilo regionalista, su interior era más limpio, con decoración puntual pero en la que no había cabida para pinturas murales de estuco, yeserías floreadas u otros elementos delicados que hicieran difícil una reconversión actual sin perder elementos de valor por el camino. Como se ve, los espacios eran fácilmente reordenables, incluso para dividir la casa en varias viviendas con entradas independientes o con una misma entrada a través del vestíbulo, distribuidas entre planta alta y planta baja, Y todo esto, repito, sin perder un ápice de su valor.

 

La Gerencia de Urbanismo y los Medios de Comunicación

 

No voy a discutir si la demolición era legal o no, porque tristemente era legal. Aquí no se ha cometido ataque alguno contra el Patrimonio Protegido. El propietario compró una vivienda que no tenía ninguna protección y podía hacer con ella lo que quisiera. Otra cosa distinta es la responsabilidad del consistorio malagueño, que es evidente, y las acciones tomadas al respecto, que tampoco han sido las adecuadas. Ni hace años cuando se realizó el catálogo de edificios protegidos de la zona en el cual no se incluyó, ni en 2021 cuando se conoció el interés del propietario en demoler y la ciudadanía pidió a algunos grupos políticos que se iniciara el proceso para su protección. Esto se ha alargado en el tiempo sin que el ayuntamiento haya movido un dedo. Y de aquellos polvos, estos lodos.

 

Con el inicio del derribo, los medios de comunicación publicaron las explicaciones del Consistorio:

(Villa La Atalaya) “No es un ejemplo de modelo de villas que se construyeron en ese momento histórico, es un proyecto resuelto con indolencia hacia los valores arquitectónicos de la cultura de su época“. ¡Ole!

 

Esta es la justificación que da el arquitecto contratado por la propiedad para decir que Villa La Atalaya no merece protección de ningún tipo.

 

Primero, creo que a lo largo de este artículo ha quedado bastante claro el valor de esta villa, cómo es ejemplo de construcciones de la época (años 30 del siglo XX) y un ejemplo muy claro del estilo regionalista andaluz y malagueño.

 

Segundo, ¿Que no es ejemplo del modelo de villas de esa época? Desconocemos el nombre del arquitecto colegiado que firmó ese informe, pero espero que no vuelva a acercarse a ningún edificio histórico en su carrera. Hagamos un ejercicio comparando estas dos fotos: La Atalaya con Villa Fernanda. Pese a las diferencias que siempre van a existir entre dos construcciones y que Villa Fernanda es más opulenta por el lugar que ocupa, la familia que la encargó y la época de su construcción, una década antes, son edificios que están perfectamente conectados. Que esta persona diga que Villa La Atalaya no era modelo de nada, es indignante y un ignorante si de verdad piensa eso.

Villa La Atalaya (1934) / Villa Fernanda (Años 20) Se puede ver el mismo estilo regionalista en ambas.

Villa independiente rodeada de jardines, el uso del ladrillo visto, arcos, rejería decorativa y cerámicas vidriadas

 

¿Y ahora? La nada

 

Tenemos un edificio histórico menos en la ciudad y en una zona que últimamente no deja de perder valiosos ejemplos. Villa Miranda en Monte Sancha, que se conservaba intacta, fue vaciada por completo y transformada incluso exteriormente, un poco más arriba de Villa la Atalaya, las tres impresionantes villas del Paseo de Salvador Rueda, con sus torreones, paños cerámicos, carpinterías, remates vidriados e impresionantes rejerías, que van a ser convertidas en pisos de lujo. Dos tienen protección pero una de ellas no, precisamente la primigenia que fue reformada en los años 30 pero que hunde sus raíces a finales del siglo XIX. Pero es que con protección o sin ella, ¿Qué va a ser de sus interiores? Serán arrasados. En el Paseo del Limonar, Villa Alegre, abandonada durante años y ahora a poco de convertirse en hotelito con encanto, más allá otra casita de mediados de siglo XX también va a ser demolida para dejar paso a otra insulsa construcción rectilínea de color blanco.

Demolición de Villa La Atalaya – Una hora de diferencia entre ambas imágenes

Villa La Atalaya – El hueco de la escalera. Se puede ver un trozo de baranda y el hueco dejado después de retirar la vidriera que supongo que el dueño se la ha llevado antes de la demolición

Villa La Atalaya – Otros elementos no corrieron la misma suerte. Trozos de la cristalera del porche machacados entre los escombros.

Villa La Atalaya – Las columnas que estaban en el porche parecían apartadas. Seguramente ya las tendrá un anticuario en su catálogo. Las rejas, en cambio, todas fueron aplastadas sin más

¿Es que acaso la pérdida de las estructuras históricas de la zona por las quemas del año 36 y las demoliciones de los años 70 para dejar paso a bloques de viviendas, no son razón suficiente para proteger, conservar y dar nueva vida a las joyas que aún quedan en pie? Parece que no.

 

Ahora otra anodina construcción mamotrética se levantará en las faldas de Monte Sancha, otra construcción mamotrética que ensuciará la vista desde no sé cuántas calles a la redonda y otra construcción mamotrética que nos habrá robado parte de nuestro patrimonio. Y la culpa no es del propietario, la culpa es de Málaga, de la ciudad en sí y de su consistorio, que no ama lo que somos. “Por sus hechos los conoceréis” y bastantes hechos tenemos ya en la lista para poder afirmar eso.

 

¡Málaga, estás muerta!, ya solamente nos queda recoger los pocos pedazos sin vida que vas dejando en la cuneta y protegerlos para enseñar a los que vengan mañana lo que fuiste y ya nunca serás.

 

Villa La Atalaya no valía nada, ahora vamos a ver cuál será el siguiente edificio sin valor que poder quitarnos de en medio para seguir haciendo progresar a Málaga.

 

OH

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